Ocho principios y una fecha: qué significa ser una masonería regular

El 6 de noviembre de 1982 se consagró en Madrid la Gran Logia de España. Cuarenta y cuatro años después, repasamos qué la distingue y qué compromisos escritos encierra la palabra «regular».

Una consagración en Madrid

El 6 de noviembre de 1982, en Madrid, el Gran Maestro de la Gran Logia Nacional Francesa dirigió la ceremonia que dejaba formalmente constituida la Gran Logia de España. Meses antes, en junio de ese año, los masones españoles que impulsaban el proyecto habían pedido a la Obediencia francesa que la consagrara. El 19 de marzo de 1983 la nueva Gran Logia celebró su primera Gran Tenida anual, y el 16 de septiembre de 1987 la reconoció la Gran Logia Unida de Inglaterra, decana de las Grandes Logias del mundo.

El orden de esos pasos importa. Una Gran Logia no se proclama a sí misma: nace de otra que ya está reconocida, o de la unión de al menos tres logias regularmente constituidas, y después las demás deciden si la aceptan como igual. Por eso la masonería española, desarticulada tras casi cuatro décadas de prohibición, necesitó una Obediencia madrina para volver a enlazar con la corriente masónica internacional.

Lo que exige la regularidad

La Constitución de la Gran Logia de España, publicada en su web, enumera los principios básicos que debe reunir una Gran Logia para ser reconocida. Son ocho, y vale la pena leerlos tal como están escritos, porque responden a las preguntas que más a menudo se hacen sobre la masonería.

El primero es la regularidad de origen, la genealogía de la que hablábamos. El segundo establece que la creencia en el Gran Arquitecto del Universo y su voluntad revelada es una obligación esencial para todos los miembros. El tercero pide que cada iniciado preste su obligación ante el Volumen de la Ley Sagrada abierto, «de conformidad con la conciencia particular» de quien se inicia. El cuarto limita la pertenencia a varones y excluye relaciones masónicas con cuerpos que admitan mujeres. El quinto reserva a la Gran Logia la autoridad soberana sobre los tres grados de Aprendiz, Compañero y Maestro, sin compartirla con ningún otro poder. El sexto exige que las tres grandes luces —el Volumen de la Ley Sagrada, la escuadra y el compás— estén presentes siempre que se trabaja. El séptimo prohíbe estrictamente las discusiones sobre religión o política en las logias. El octavo obliga a observar los Antiguos Principios, Usos y Costumbres y los Landmarks de la Orden.

Estos criterios no se improvisaron en España. Proceden de los principios básicos que la Gran Logia Unida de Inglaterra fijó por escrito en 1929 para decidir qué Obediencias reconocía, y que la mayoría de las Grandes Logias regulares han hecho suyos. La Constitución de la Gran Logia de España incorpora además la «Regla de los Doce Puntos», aceptada por la mayor parte de las Grandes Logias regulares, que recoge, entre otras cosas, que la masonería persigue el perfeccionamiento moral de sus miembros y de la humanidad, y que impone a todos el respeto a las opiniones y creencias de cada uno.

Una regla de reconocimiento

Un masón iniciado en Murcia puede ser admitido como visitante en una logia de Bucarest, de Bogotá o de Edimburgo, una vez acreditada su condición. Lo hace posible el acuerdo que recogen esos ocho principios: las Grandes Logias que los cumplen se reconocen entre sí y abren sus templos a los hermanos de las demás. Leídos así, dicen menos de lo que a veces se les atribuye. Fijan las condiciones de un pacto entre Obediencias y no pretenden juzgar a quienes trabajan en otras tradiciones.

El séptimo principio suele malinterpretarse. Que en logia no se discuta de política ni de religión deja intactas las opiniones de cada masón; lo que protege es un espacio donde personas que piensan distinto en esas materias trabajan juntas sin que esas diferencias las enfrenten. El segundo y el séptimo se sostienen mutuamente: se pide una creencia, pero no se pregunta cuál, y se prohíbe el debate que convertiría esa creencia en motivo de división. Es la tolerancia de la que hablamos el mes pasado, convertida en norma.

Hay también una consecuencia práctica: la Gran Logia de España publica su Constitución en su web, y cualquiera puede consultar qué se exige a sus logias y a sus miembros.

La R∴L∴S∴ Moriá nº 143 trabaja bajo los auspicios de la Gran Logia de España y, a través de ella, forma parte de esa red de reconocimiento mutuo que se renueva cada vez que un hermano visita otro taller. Si quiere saber cómo se vive en Murcia esa tradición y qué se pide a quien llama a la puerta, escríbanos a través de esta web: le responderemos con la misma franqueza con la que la Gran Logia publica sus principios.

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Redacción de la R∴L∴S∴ Moriá nº 143

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